La situación actual en Chile, lejos de ir en calma, meramente se ha tomado un “receso” producto del periodo estival y a tres meses desde que iniciara el llamado “Estallido Social” bautizado así por los medios de comunicación, pero aún continúan los enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas de orden que han sido duramente cuestionadas, tanto en nuestro país como en el extranjero. Mientras el mundo político decide tomarse febrero por motivos de reparación del edificio parlamentario, vemos como la clase política, nuevamente, muestra síntomas de profunda desconexión con la realidad (en distintos sectores) varios, solamente desean que estos tres meses -de revueltas y de justas demandas sociales-  de “pesadilla” se terminen y que no vuelvan a ver, por ejemplo, como las organizaciones sociales llamaron a una huelga general el 21 de noviembre recientemente pasado (2019). Una cosa es cierta, la gran mayoría de los chilenos aún no han aceptado el programa de reformas que ofrece el Gobierno. 

Las demandas actuales para la nueva Constitución buscan que haya más Estado de bienestar, es decir, educación y salud públicas, y un aumento de las pensiones con cargo al Gobierno.

La sociedad chilena aún pide la renuncia del Presidente Sebastián Piñera y la formación de un Congreso Constituyente lo más alejado que se pueda de la clase política. Solamente así se podría reformar la Constitución vigente de 1980 de la Dictadura de Pinochet, ya que tiene muchos candados para evitar cambios profundos. Un Congreso sin el control de la clase política tradicional implica una amplia revisión para buscar que la educación y el sistema de salud sean gratuitos, además de la discusión del sistema de pensiones, ya que en este país hasta el agua es un bien “transable en la bolsa de comercio” y no un bien de recurso humano, en otras palabras, un modelo altamente despiadado que solamente beneficia a algunos –los mismos de siempre

Según datos del FMI, Chile mantiene déficits públicos primarios crecientes desde 2012 cuando fue de -0.4 por ciento del PIB, hasta -1.8 en 2018

Este desequilibrio ha hecho que su coeficiente de deuda pública a PIB, aunque muy bajo, mantenga también un ciclo creciente, pues de 11.9 por ciento en 2012 subió a 25.6 en 2018. Hay que resaltar que según datos del Ministerio de Economía, Chile tiene un fondo para apoyar los déficits fiscales por 14 mil 163 millones de dólares, que equivalen a 4.7 por ciento del PIB. El tamaño del impacto en las Finanzas Públicas por el quiebre del modelo económico y el posible tránsito a uno de mayor Estado en búsqueda de bienestar se sabrá pronto -cosa de meses-, cuando queden claros los acuerdos hacia una nueva Constitución y que dichos acuerdos, para algunos sectores, son muy poco negociables.

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#ElModeloNoSeToca: el análisis de Fundación SOL

 

Hace ya, bastante tiempo, que la Fundación SOL viene estudiando las distintas problemáticas existentes dentro de la sociedad chilena, con datos y estadísticas, que estuvieron anunciando con mucha anterioridad, lo injusto del Modelo Neoliberal Chileno con respecto a sus habitantes, una clase media frágil y altamente endeudada, bajos salarios, seguridad social precaria y en algunos casos inexistente, servicios básicos como la educación y la salud en una profunda crisis, todo esto, en un trabajo que han venido haciendo para educar a las personas y que tomen razonamiento de que de seguir con este camino, lejos se logrará la “Paz Social” que el establishment nacional busca, mientras el modelo no se toque (y que al parecer, la unica forma de lograrlo es con una nueva Constitución) Las cosas seguirán igual y nada de lo que ha ocurrido, que ha transformado completamente el sendero que llevaba el país, núnca volverá a ser el mismo. Para bien o para mal, Chile tomó el camino de la experiencia. A continuación te dejamos el video para que tomes tus propias conclusiones.

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