Al parecer, el 2019 le trajo lecciones al no muy querido FMI, en cuanto a políticas públicas, donde últimamente las demandas sociales exigen -entre otras cosas- acabar con la desigualdad, que ha sido, uno de los temas sin resolver del actual modelo neoliberal. En distintos países, la brecha social crece y la llamada “clase media” ha ido en un constante retroceso en Occidente (Según este informe de la OCDE).

En Latinoamerica, el FMI ha dejado amargas historias a distintos países que han ido en su ayuda, de esto sabe muy bien Argentina, que adquirío un histórico endeudamiento con el organismo internacional durante el gobierno de Macri (US$ 56.000 millones en 2018) y que el actual gobierno de Alberto Fernández busca negociar con el organismo, nuevas alternativas para pagar esta deuda. Otro de los países que tomó un prestamo fue Ecuador, con una cifra estimada en US$4.209 millones y cuyo caso terminó en graves protestas producto de un “paquetazo” económico que queria impulsar aquel país para poder pagar el prestamo.

Kristalina Georgieva y su artículo: “Reducir la desigualdad para generar oportunidades”

La directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, ha publicado hace una semana un árticulo, en el que alerta sobre la necesidad de atender el problema de la desigualdad en el ámbito de la economía global, y en el que defiende, entre otras medidas, una reforma fiscal que incluya una subida de impuestos a los más ricos.

Georgieva señala: “pese a las dificultades políticas de aplicar reformas, sus resultados en crecimiento y productividad merecen la pena”.

En este sentido, la directora gerente afirma que “la desigualdad de oportunidades, entre generaciones, entre mujeres y hombres y, por supuesto, la desigualdad de renta y riqueza constituyen una realidad que afecta a diversas regiones del mundo y suponen uno de los “desafíos más problemáticos en la economía global”. “La buena noticia es que tenemos herramientas para afrontar estos problemas, siempre que tengamos voluntad de hacerlo”.

La máxima responsable del FMI se muestra a su vez convencida de que una eventual subida de impuestos a las rentas más altas puede llevarse a cabo “sin sacrificar el crecimiento económico“, y como parte de una reforma fiscal más amplia, centrada en la progresividad, en la lucha contra la corrupción y en la dedicación del gasto social a la búsqueda de soluciones en los distintos focos de desigualdad.

El planteamiento expresado en el texto, sugiere un llamativo cambio de postura por parte del FMI, que durante la última década ha respaldado abiertamente estrategias económicas basadas en la austeridad y en los recortes presupuestarios –con especial incidencia en el gasto social– en los países más afectados por la recesión económica.

El FMI menciona algunos ejemplos en sus interacciones en materia de gasto social con los países donde han implementado valiosas medidas:

  • Durante la implementación del programa respaldado por el FMI, Egipto amplió a más del doble la cobertura de sus transferencias monetarias, de las que se beneficiaron 2.3 millones de hogares.
  • En Ghana ayudó a crear margen el presupuesto para aumentar el gasto en educación pública, de modo que el país pueda lograr el objetivo de proveer una educación secundaria universal.
  • Brindar asesoramiento a Japón sobre el diseño de opciones para la reforma de las pensiones, tan necesaria en una sociedad que envejece.

En cualquier caso, aunque esta sugerencia de incrementar el gasto social como medida para combatir la desigualdad puede considerarse una novedad, su propuesta de subir los impuestos a las rentas más altas sí tiene al menos un precedente: su director de Asuntos Monetarios, el portugués Vítor Gaspar, ya sostuvo esta postura en 2017, refiriéndose a ese incremento de la presión fiscal a las más ricos como un “componente clave para una redistribución más eficaz” de la riqueza, remarcando también entonces que la medida no reduciría el crecimiento.

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